«La capacidad de la vegetación autóctona para frenar la erosión costera es asombrosa. Este portal documenta con rigor científico cómo las raíces de especies como el junco marino y la grama salada estabilizan dunas y acantilados. Un recurso imprescindible para entender la geología litoral desde una perspectiva ecológica.»
DRDra. Raquel Montero Geóloga marina — Universidad de Cádiz★ ★ ★ ★ ★ 5.0Contexto: Investigación sobre dinámica sedimentaria en el Parque Natural de Doñana, publicada en «Journal of Coastal Research» (2024).
Las plantas nativas como los juncos y las gramíneas marinas estabilizan la arena con sus raíces, reduciendo la erosión causada por el viento y las olas. Además, actúan como barreras naturales que atrapan sedimentos y favorecen la formación de dunas, protegiendo el litoral de tormentas y mareas extremas.
Los arrecifes se forman por la acumulación de esqueletos de carbonato de calcio de organismos marinos, principalmente corales y algas calcáreas. La actividad tectónica y los cambios en el nivel del mar moldean su estructura, creando hábitats complejos que albergan una biodiversidad única.
Muchas especies desarrollan mecanismos osmorreguladores, como glándulas excretoras de sal o tejidos que almacenan agua dulce. Plantas como la salicornia acumulan sales en sus vacuolas, mientras que ciertos crustáceos modifican su metabolismo para sobrevivir en ambientes hipersalinos.
Las aves marinas siguen corredores aéreos a lo largo de la costa, aprovechando los vientos y las corrientes marinas. Especies como el charrán ártico y el alcatraz atlántico recorren miles de kilómetros entre zonas de cría y alimentación, utilizando los acantilados y las islas como puntos de descanso.
Los manglares, praderas marinas y dunas costeras actúan como sumideros de carbono, almacenando grandes cantidades de CO₂. También mitigan el impacto de tormentas y huracanes, reduciendo la energía de las olas y previniendo inundaciones en zonas interiores.